Mamá, quiero ser argentino.
- Mamá, quiero ser como Maradona. Quiero jugar al fútbol y quiero ponerme la camiseta celeste y blanca. Quiero que me hagas YA la nacionalidad argentina. Yo también quiero ser argentino.
Sinceramente me emocionó que mi hijo me dijera estas palabras. Me lo dijo hoy, después de escuchar El Tributo de Rodrigo a Maradona que encontró por casualidad mientras buscaba el gol de Diego a los ingleses en el mundial del 86.
Me ha traído muchos recuerdos, demasiados, tantos que me he puesto a bailar al ritmo de la música mientras se me escapaba algún lagrimón y reflexionaba sobre lo que es ser argentino: es una pasión, un sentimiento.
Y sí, yo soy así, adoro a todos esos ídolos de pies de barro que tenemos: Charly, Pappo, Juana Azurduy, Maradona, San Martín, Gardel, Tita Merello, Favaloro, la Negra Sosa, Cortázar, Borges, Alfonsina, todo mezclado, como la Biblia junto al calefón.
Todo está como era entonces:
La casa, la calle, el río,
Los árboles con sus hojas
Y las ramas con sus nidos.
La casa, la calle, el río,
Los árboles con sus hojas
Y las ramas con sus nidos.
Todo está, nada ha cambiado,
El horizonte es el mismo;
Lo que dicen esas brisas
Ya, otras veces, me lo han dicho.
El horizonte es el mismo;
Lo que dicen esas brisas
Ya, otras veces, me lo han dicho.
Ondas, aves y murmullos
Son mis viejos conocidos,
Confidentes del secreto
De mis primeros suspiros.
Bajo aquel sauce que moja
Su cabellera en el río,
Largas horas he pasado
A solas con mis delirios.
Las hojas de esas achiras
Eran el tosco abanico,
Que refrescaba mi frente
Y humedecía mis rizos.
Un viejo tronco de ceibo
Me daba sombra y abrigo
Un ceibo que desgajaron
Los huracanes de estío.
Piadosa una enredadera
De perfumados racimos
Lo adornaba con sus flores
De pétalos amarillos.
El ceibo estaba orgulloso
Con su brillante atavío,
Era un collar de topacios
Ceñido al cuello de un indio.
Todos, aquí, me confiaban
Sus penas y sus delirios:
Con sus suspiros las hojas
Con sus murmullos el río.
¡Qué triste estaba la tarde
La última que nos vimos!
Tan solo cantaba un ave
En el ramaje florido.
Era un zorzal que entonaba
Sus más dulcísimos himnos,
¡Pobre zorzal que venía
A despedir a un amigo!
Era el cantor de las selvas,
La imagen de mi destino,
Viajero de los espacios,
Siempre amante y fugitivo.
¡Adiós! parecían decirme
Sus melancólicos trinos;
¡Adiós, hermano en los sueños,
Adiós, inocente niño!
Yo estaba triste, muy triste,
El cielo oscuro y sombrío;
Los juncos y las achiras
Se quejaban al oírlo.
Han pasado muchos años
Desde aquel día tristísimo;
Muchos sauces han tronchado
Los huracanes bravíos.
Hoy vuelve el niño, hecho hombre,
No ya contento y tranquilo,
Con arrugas en la frente
Y el cabello emblanquecido.
Aquella alma limpia y pura
Como un raudal cristalino
Es una tumba que tiene
La lobreguez del abismo.
Aquel corazón tan noble,
Tan ardoroso y altivo
Que hallaba el mundo pequeño
A sus gigantes designios;
Es hoy un hueco poblado
De sombras que no hacen ruido
Sombras de sueños dispersos,
Como neblina de estío.
¡Ah! Todo está como entonces,
Los sauces, el cielo, el río,
Las olas, hojas de plata
Del árbol del infinito;
Sólo el niño se ha vuelto hombre,
¡Y el hombre tanto ha sufrido
Que apenas trae en el alma,
La soledad del vacío!
"EL FUTURO DEL PASADO"
Bajar hasta los infiernos de Dante, arrastrarse por los sueños Goya es posible gracias al talento de Yinka Shonibare. Aún me siento conmovida ante su estudio de los sentimientos humanos y cómo ha logrado transmitirlo con su obra. Mierda y flores conviven en su obra tal y como conviven en nuestra conciencia. No dejéis de pasar a verlo.
"Entre les murs"(2008)
Después de ver esta película llegué a la conclusión de que todos los maestros nos parecemos, aún siendo de los sitios más recónditos y alejados entre sí.
CINEMA PARADISO
"Hagas lo hagas, ámalo"
Esta película la vi por primera vez a finales de los 80. Volví al cine a verla tres veces más esa semana y a partir de ese momento la veo cada vez que necesito que el mundo se pare porque va muy deprisa. Para mi es una metáfora del amor, de la amistad y de la magia de la infancia.

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