Tengo mil aficiones y un par de pasiones: la educación y la defensa de los derechos de trabajar, de ser felices, de ser humanos.
sábado, 19 de febrero de 2011
Cada vez que llego a Bassano, siento que este es mi lugar en el mundo. Me agrada la sencillez de su gente, el olor de la tierra mojada, el color de las flores, el canto de los pájaros al atardecer, el sabor de sus tomates y poder caminar entre tanta historia, desde la Fontana Vecchia hasta el Borgo Antiquo y el cine de verano que me recuerda a Cinema Paradisso, aunque sin playa ni muelle...
En este lugar soy feliz, me siento completamente anónima, libre, segura. Andar por sus callejuelas es una invitación a penetrar en un mundo de fantasía poblado de elfos y duendes. Es un pueblo pequeño, donde las personas aún tienen la maravillosa costumbre de dar el buon giorno y la buonasera a todo aquel que pasa por la puerta de su casa. Si te quedas charlando un momento con cualquiera de ellos te hacen pasar y te regalan una bolsa de tomates pera y un ramo de basilico, la albahaca fresca se usa para todo, tuco, pasta, pizza, per tutti, y qué bien sabe, qué bien huele.
Por la noche el cielo se llena de estrellas y se ven los hilos de luces de los coches que pasan allá abajo por la Vía Flaminea, la misma por la que hace tanto tiempo subieron hacia el norte los romanos para ensanchar su imperio.
Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.
Konstantínos Kaváfis
Como Ulises, los nómadas aprendimos a sentir verdadera pasión por el viaje más que por arribar a nuestro desino. Y mientras tanto, poder cumplir todos nuestros sueños.