Cada vez que llego a Bassano, siento que este es mi lugar en el mundo. Me agrada la sencillez de su gente, el olor de la tierra mojada, el color de las flores, el canto de los pájaros al atardecer, el sabor de sus tomates y poder caminar entre tanta historia, desde la Fontana Vecchia hasta el Borgo Antiquo y el cine de verano que me recuerda a Cinema Paradisso, aunque sin playa ni muelle...
En este lugar soy feliz, me siento completamente anónima, libre, segura. Andar por sus callejuelas es una invitación a penetrar en un mundo de fantasía poblado de elfos y duendes. Es un pueblo pequeño, donde las personas aún tienen la maravillosa costumbre de dar el buon giorno y la buonasera a todo aquel que pasa por la puerta de su casa. Si te quedas charlando un momento con cualquiera de ellos te hacen pasar y te regalan una bolsa de tomates pera y un ramo de basilico, la albahaca fresca se usa para todo, tuco, pasta, pizza, per tutti, y qué bien sabe, qué bien huele.
Por la noche el cielo se llena de estrellas y se ven los hilos de luces de los coches que pasan allá abajo por la Vía Flaminea, la misma por la que hace tanto tiempo subieron hacia el norte los romanos para ensanchar su imperio.
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